Adolescencia e Identidad: Más allá de lo que haces

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Adolescencia e identidad — jóvenes explorando su Ikigai y propósito de vida

🌿 Olfato-Olor Pachuli

Oido- Música:  Ed Sheeran - Castle On The Hill  

“Se necesita coraje para crecer y convertirse en quien realmente eres”.- E. E. Cummings.

Adolescencia e Identidad: Más allá de lo que haces

La adolescencia es una etapa de ebullición, un torbellino de cambios que dan forma a lo que elegimos ser como seres humanos. Es un tiempo de primeras veces, de amistades intensas, de sueños gigantes y, a menudo, de profundas dudas. En medio de este paisaje, una de las preguntas más desafiantes es: “¿Soy solo lo que hago?”

En un mundo que celebra el rendimiento, los logros y la visibilidad, los adolescentes enfrentan la presión constante de destacar: en los deportes, las calificaciones, las redes sociales o cualquier área que otorgue reconocimiento. Pero si no somos eso, ¿qué somos?


Las preguntas que acechan en silencio

Detrás de las risas y la aparente seguridad, es normal que surjan dudas e incertidumbres:

  • “Si dejo de hacer esto que me da popularidad, ¿seguiré siendo importante para mis amigos?”
  • “¿Mis padres me querrán igual si no saco las mejores notas?”
  • “¿Valgo solo por mis logros o hay algo más en mí que merezca ser reconocido?”
  • “¿Por qué mis compañeros solo me ven como ‘el deportista’ o ‘la inteligente’, y no por mis miedos o sueños?”
  • “¿Es normal sentirme abrumado(a) o triste si se supone que debo ser fuerte o feliz todo el tiempo?”

Esta validación externa puede llevar a una trampa peligrosa: creer que el valor personal reside solo en lo que haces o logras, y no en la riqueza de tu interior, tus emociones y tu esencia única. A menudo, los propios amigos refuerzan esta idea al reconocer solo aquello que el otro “hace” bien, olvidando lo que “es”.


Ikigai: una oportunidad para iniciar el autoconocimiento

Aquí es donde el concepto japonés del Ikigai emerge como una luz poderosa. Ese “propósito de vida” o “razón de ser” ofrece una oportunidad invaluable para iniciar un proceso profundo de autodescubrimiento. No se trata de lo que haces, sino de lo que te apasiona, te mueve y da sentido a tu vida.

A través del Ikigai, puedes empezar a explorar:

  • Tus pasiones: ¿Qué te hace sentir vivo, incluso cuando nadie te está mirando?
  • Tus talentos: ¿En qué eres realmente bueno, más allá de lo que exige la escuela o el deporte?
  • Tu misión: ¿En qué te gustaría contribuir al mundo, aunque parezca pequeño?
  • Tu vocación: ¿Cómo puedes unir tus talentos con una necesidad del mundo, aunque aún no sea tu profesión?

El Ikigai enseña que tu valor no es una lista de logros, sino la intersección entre tu autenticidad y tu contribución al mundo. Tus emociones, sueños y miedos son parte de esa esencia que te hace valioso y único.


Los 4 “AUTOS” que fortalecen tu Ikigai

Si sumamos al Ikigai los cuatro “AUTOS” que menciona Shane Parrish en su libro Clear Thinking, obtenemos cimientos que te acompañarán toda la vida:

  • Autoestima: No se trata de creerte perfecto, sino de aceptarte y valorarte con tus fortalezas y áreas de mejora.
  • Autoconocimiento: Comprender cómo funciona tu mente, tus emociones y tus motivaciones para entenderte más allá de etiquetas.
  • Autorreflexión: Mirar hacia adentro, cuestionarte y aprender de las experiencias, sin miedo a evolucionar.
  • Autocontrol: Manejar tus impulsos y emociones para tomar decisiones alineadas con tu verdadero ser.

Un viaje hacia la autenticidad

La adolescencia es una oportunidad de oro para sembrar las semillas del autoconocimiento. Al explorar el Ikigai y cultivar la autoestima, el autoconocimiento, la autorreflexión y el autocontrol, los jóvenes pueden trascender la superficialidad de “lo que hacen” y descubrir la profunda riqueza de “quiénes son”.

Este viaje no solo brinda paz y claridad, sino que empodera para vivir vidas auténticas, plenas y con propósito, irradiando desde el interior hacia todo lo que hacen.